Esta mañana me desperté con la noticia de que Louise Glück había dejado Pre-textos y que incluso la editorial se vio obligada a deshacerse de las obras de la autora. Al parecer Glück no ha dado declaraciones por lo que podría pensarse que quien se encargó de tomar la decisión fue su agente, Andrew Wylie. A decir verdad, también desconocía a la autora hasta que ganó el Nobel y aún así no me animé a leerle, quise esperar a que pasara un tiempo y ahora sí poder juzgar si pudiera ser de mi agrado. Sin embargo, por la misma noticia, decidí investigar un poco más y puedo decir que alcanzo a vislumbrar el motivo de la indignación de tal decisión. Pre-textos venía editando a Glück desde hace catorce años, cuando la autora aún no alcanzaba ni la mitad del reconocimiento que posee actualmente. Podría pensarse que catorce años de apuesta y confianza producirían un buen grado de lealtad pero esto no sucedió. Hasta que la autora no declare algo no consideraría justo dar una opinión sobre ella. Sin embargo, si fue decisión del agente, como parece ser lo más probable ya que cuando Pre-textos renegociaba los derechos de la obra, los mismos ya estaban siendo ofrecidos al mejor postor; lo cual apunta a algo que ya viene dándose desde algunos años atrás y es la introducción del mercado al mundo de la literatura. Lo vendible tendría más valor que la calidad literaria, condición que impulsa la perversión de las letras, como el verse obligado a hablar o no hablar sobre ciertos temas y moderar la forma en la que se haga. La música ya fue pervertida en MTV, lo mismo con la historia en History Channel, quisiera que no suceda lo mismo con la literatura pero lo tengo muchas esperanzas. La deslealtad es otro punto cuestionable aunque como repito, mientras no haya declaraciones por parte de la autora sería injusto tildarla de ello. Por otro lado, algo que considero apraudible es la postura de Manuel Borrás, director de Pre-textos, al decir en una conversación, parafraseada un poco, que las acciones de Glück no corresponden a la Glück que ellos conocen, aunque de ser cierto “la escritora le defraudaría «en lo humano» pero le seguiría pareciendo «una gran poeta»”. Saber distinguir entre lo que hace una persona como artista y como humano es algo que últimamente se hace menos.
Helena.