Quiero aprovechar la presente entrada para intentar aclarar una postura a la que hice referencia en entradas anteriores. Con ello me refiero a tener la madurez de separar al autor de su obra, esto para evitar verse orillado a censurar y quitar del reflector a cualquier que pueda tornarse molesto por sus acciones como individuo. Lo mismo puede aplicar para un escritor, como para un autor, cantante, etc.
Sin embargo, a pesar de estar apegado a esta idea, no por ello quiero decir que ésta sea debería elevarse al grado de ser una ley universal.Decir que hay que separar al autor de su obra es más para fines expositivos que dogmáticos.
Hay casos en los que no se puede separar al autor de su obra. No obstante, en estos casos, la relación toma lugar más como complemento que como una necesidad. Me refiero a casos como los de Kierkegaard y su relación con Regine Olsen que puede verse su impacto en obras como Temor y temblor, así como en La repetición; las actividades e intereses de Cortázar en sus novelas y cuentos, Los autonautas de la cosmopista, Fantomas contra los vampiros multinacionales, entre otros. Uno puede leer la vida del autor y las ideas que tenía, así como las actividades que realizaba e irse a leer su obra y tener una experiencia más profunda con la obra; entender de dónde surge tal idea, a qué se debe tal personaje, por qué una frase tiene un gran valor, y no lo sé, cualquier cosa que otros se cuestionen al momento de tomar un libro o ver una película. A veces la misma vida del autor puede ser otra de sus obras. Es bastante agradable leer las entrevistas a Foster Wallace, ver conversar a Muhammad Ali, enterarse cómo Nietzsche. Sin embargo, en tales casos, el dar un paseo por la vida del autor es algo que se hace buscando enriquecer la obra. Es cierto que algunas actitudes de ciertos autores pueden llegar a considerarse nefastas pero no por ello la obra pierde calidad literaria o validez. Althusser mató a su esposa y no por ello es más o menos filósofo. Ni San Juan ni Dante fueron al cielo o al infierno (o quién sabe jaja) y no por ello sus descripciones son menos bellas. Foster Wallace se mató antes de los 50 años y Esto es agua no deja de ser inspiración ni emocionante.
En fin, lo que trato de decir es que no termina de ser justo no separar a un autor de su obra, a menos que lo que se pretenda sea enriquecer la obra o hacer más amena la experiencia al acercarse a un personaje.
Helena.