Con su concierto a pocos días, aprovecho para hablar de un grupo que conocí hace 7 años; me refiero al Cuarteto de Nos. El último de sus discos Lámina Once, lanzado en julio, es uno que ampliamente recomiendo. Pese a la costumbre de escuchar un disco y concluir que solo me gustan unas cuantas canciones del mismo, con este no me sucedió esto, pues creo que pude apreciar todas y cada una de las canciones que lo conforman. La atmósfera general del disco es una crítica y de propuesta a ambiente y sociedad actual, al espectáculo, o sociedad del espectáculo. De la opinión impuesta y el imperativo a hablar sin necesariamente reflexionar. Una forma de protesta en la que resuena un grito lanzado a oídos sordos, a la apropiación de normas para derrocar la mismas. En fin, no quiero extenderme en el contenido de las letras, pues considero que será más didáctico escucharlas y dejar que ellas hablen por sí mismas. Vuelvo a mencionar que Lámina Once es un disco que vale la pena, y procedo a hablar de algo que me agrada y llama la atención del grupo.
Antes, es necesario hacer mención de otro grupo, no musical pero sí muy lírico; Oulipo (por el acrónimo del francés Ouvroir de littérature potentielle, en español: Taller de literatura potencial) fue un grupo compuesto por varias personas provenientes de diferentes ámbitos que se reunían a escribir, entre sus filas de encuentran muchos escritores de renombre pero en vez de mencionarlos, invito a las personas curiosas a investigar pues puedo asegurar que la búsqueda estará llena de sorpresas. Los Oulipo se imponían a sí mismos reglas para escribir sus obras, como un detonante para poner en marcha la imaginación; una analogía que empleaban era decir que eran como una rata que construye el laberinto del cual pretende salir. Entre sus obras, no diré nombres para fomentar la búsqueda, están novelas en las que no aparece una vocal en todo el libro o las palabras de otro solo contienen la misma vocal, sin que sea ene mesque peguede en le pered, un palíndromo compuesto de más de mil palabras, una novela en la que el protagonista no puede tocar el suelo y toda su vida transcurre en estos, pasando por revoluciones incluso. El Cuarteto, o Roberto Musso, maneja un estilo de composición similar; hay una charla en TEDx en la que se extiende en un ejemplo para la canción Yendo a la casa de Damián, pero diré que entre las reglas que se impone son que todas las palabras con las que termine un verso tienen que ser en inglés y agudas, que no haya algo en el contenido que limite la interpretación a una sola pero que a su vez sí puedan remitir a lugares comunes, la obvia rima entre versos, la prueba de emoción, para que no sea una canción de sólo escuchar en momentos felices, tristes, molestos, etc., entre otras que solo Musso sepa. Otro buen ejemplo y buena canción, sería con Lo malo de ser bueno, en donde prácticamente toda la letra está compuesta por figuras contradictorias u oximorones. Así pues, conviene tener un acercamiento al Cuarteto si aún no se tiene o empezar a jugar deshebrando sus letras si ya se les conoce.
Helena.