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Black Mirror y 5 pasos para descubrir si tus celos son exagerados

Sin otra salida más a la vista, tuve que ceder a las presiones de mis amigos y dar mi palabra de que terminaré de ver Black mirror.

A pesar de que tal vez suene como algún ser leproso, admito que no me gusta Black mirror, solo he visto las dos primeras temporadas y uno que otro capítulo salteado.

Black mirror es una serie a la que me había resistido a volver porque por más que avanzaba, cada episodio no me terminaba de convencer e incluso terminaba por distanciarme más. La relevancia que comenzó a adquirir y los montones de espectadores que hablaban de ella como si de la octava maravilla del mundo se tratara también influyó en que me decidiera a abandonar la serie.

En general, me resulta una serie algo pretenciosa, siempre he desconfiado de las personas que se toman demasiado en serio lo que dicen. Black mirror es una serie que plantea distopías de mundos alternos en los que la tecnología termina por controlar o afectar significativamente algún aspecto de la vida diaria. Hasta allí creo que todo va bien, encuentro entretenidas las series que plantean distopías o retratan problemas mundanos de forma novelesca, pero de allí a que llegue una serie y su publicidad y fans me traten de idiota, diciéndome que la serie trata de retratar esto o lo otro, sin dejarme elegir qué me conmueve o no, ya es otra cosa.

Pasaré a los ejemplos para no seguir solo sonando como alguien que se queja. En el capítulo de El momento Waldo (The Waldo moment), se da la situación de que un personaje animado es propuesto como candidato a unas elecciones y algo que inicia como una broma termina como otra cosa de proporciones inesperadas. En otro episodio, Caída en picada (Nosedive), se presenta una sociedad en la que las personas reciben una puntuación de acuerdo a su comportamiento social. Ahora invitaría a quien tenga curiosidad a mirar los episodios de Desarrollo de aplicaciones y condimentos de la serie Community (Capítulo 8, temporada 5) y El señor Peanutbutter se mete en política de la serie BoJack Horseman (Capítulo 1, temporada 4). En ambos episodios considero que se plantean situaciones muy similares, sin embargo, en los segundos es desde la comedia y se juega con lo absurdo llevando las mismas situaciones hasta el límite de lo ridículo. Ambos episodios plantean casi lo mismo pero creo que con unos puedes sacar las mismas conclusiones y de paso reírte un poco sin necesidad de que parezca que se está viendo al loco de la plaza que grita: “El fin esta cerca”. Y sí, Black mirror para mí es ese loco que no te termina de convencer con su paranoia y exageración. No niego que haya similitudes entre algunos eventos del mundo “real” y la serie pero creo que cualquiera puede darse cuenta de que no existe una relación causal entre uno y otro, salvo la inspiración, que es algo aplaudible.

Pese a todo, Black mirror llega a desarrollar algunas dudas que uno puede plantearse al momento de proyectar una situación al futuro. Sin embargo, tal vez no sea el público objetivo de la serie, que, a pesar de lo que dije, no considero mala; soy más fan de la comedia y el absurdo. Adoro a los Monty Python y a South Park y sus retratos de la sociedad y mundos posibles y también a lo que es mero entretenimiento. Sobra decir que la comedia y lo intelectual no están peleados y por algo llega a ser muy usado el término “comedia culta”. Volveré a hablar de Black mirror más adelante.

Helena.

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