2 horas tarde, pero sin falta.
La semana pasada hablé sobre 50 (o dos ballenas que se encuentran en la playa) y mencionaba que me llamó la atención la manera en que se resuelve la película. Esto lo utilizaba como excusa para hablar sobre el amor, que en sí, mucho puede ser excusa para hablar sobre eso. Para el final de la película, como lo establecía el juego, los participantes terminan por suicidarse al cortar sus venas juntos en la bañera, con la idea de que quienes los encontraran no pensaran que estaban tristes. Uno de ellos tras parecer dudar ligeramente termina de decidirse y corta sus venas. Sin embargo, la madre de la chica los encuentra y él logra ser salvado y llevado al hospital. Allí despierta y es entrevistado por un psiquiatra/psicólogo con un test que resulta irrisorio por la obviedad de la tendencia que sugiere, la cual es fácil evadir respondiendo de acuerdo a lo que sería más normal o deseable en un sujeto “sano”. Félix, el chico, finalmente concluye su suicidio al lanzarse por la ventana para en una escena siguiente encontrarse con Elisa en una playa que no forma parte de este plano.
Lo que pretendía poner en cuestión es que a mi parecer lo presentado no aborda un amor real, o maduro. Quizá sí sea un amor acorde al tiempo actual, tan envejecido, en el que priman las promesas y la ligereza. Un par de Romeos y Julietas de quienes los padres en cierta manera se oponen, o al menos se alteran, de la compañía desconocida de sus hijos. Felix y Elisa se declaran su amor; y la situación de la traición y el abandono se pone sobre la mesa. Elisa, quien se cortó antes las venas para que Felix supervisará que esta vez tenga éxito el suicidio, pide a Félix que no la abandone, refiriéndose a que no se arrepienta de hacerlo.
Esto último es lo que señaló como la falta de amor, o develo de un no amor, en la que la persona pone sus intereses por encima del otro. Se entiende que si Felix de verdad ama a Elisa, cumplirá con su parte y la acompañará en la muerte. Todo esto sin considerar otra posibilidad, con la premisa de un único amor real e “intraicionable”. Ambos se declaran un amor, pero quizá también sería una muestra de amor el que Felix decida no acabar con su vida, como una manera de respeto o fidelidad al sentimiento que decía sentir por ella. Como un amor resurgido a la vida en tanto que esta posibilita la existencia de Elisa, y la misma plantea el escenario para sacarle provecho a su compañía. El escenario también es posible al plantear a una Elisa renunciando a la muerte.
Quizá un final así hubiera sido anti climático y hasta predecible, por lo que se entiende que no se de, pero hago mención de otro ejemplo en el que la historia hubiera sido distinta con un final como el de 50. En La la land, Sebastián y Mia, se encuentran en un dilema un tanto similar, en el que al menos uno de los dos tiene que renunciar a sus sueños para acompañar al otro, o ambos renunciar para con “amor” encontrar la manera de salir avante. En este caso no se pone en cuestión que si alguno de ellos se rehusa a renunciar a su sueño se debe a la falta de amor por el otro, incluso, se presenta como prueba de un amor más auténtico y maduro el hecho de ambos continuar con sus sueños. Al final de la película hay un encuentro en el que ambos se miran a la distancia y parecen asentir, dando a entender que su separación no fue una traición así amor sino la confirmación del mismo.
Sobra decir que no pretendo plantear una definición absoluta del amor ni podría afirmar con seguridad que será la misma que sostenga en el futuro.
Helena.