Recién vi Maleficio, otra de las tantas películas que se vendió en redes sociales como la más terrorífica del año, una película que supuestamente provocaba que quienes la vieran escucharan ruidos extraños en casa y comenzaran a ver sombras en el techo, etc., de tantas cosas que se dicen de las películas de terror o suspenso. También llegué a ver que eran pocas las personas que podían terminar la película de una sentada. En fin, antes de dar lo que se podría llamar mi opinión, diré brevemente de qué trata la película en cuestión. Maleficio retrata el viaje de una mujer que después de haberse expuesto a algo que estaba prohibido comienza, junto con su hija, a sufrir las consecuencias de su profanación, del tabú que rompió. Tengo que aceptar que la sugestión por el contenido de redes me mantuvo en suspenso mientras miraba la película, al punto de ignorar las oraciones que se hacían “para evitar conjurar lo que no”, pero de allí en más no siento que la película me atrapara, no logró escapar del cliché del avance lento que concluye con un ruido brusco. Lo que sí me agradó de la película es que sí llega a escapar del lugar común del típico diablo o demonio de todas las películas, algo que también logra muy bien Hereditary, una película que recomiendo bastante y quizá después pueda hablar sobre ella. Continuo, maleficio toma la figura de la Madre buda Dahei y desarrolla todo un culto sobre su adoración, la contradicción que implica el nombre de buda en general como sinónimo de bien es lo que provoca el extrañamiento de no saber qué sucede en el transcurso del filme. Por otra parte, también te mantiene el misterio acerca del contenido del vídeo y la relación que tiene este con aquellos que lo miran. Para esto último rescato algo que me pareció interesante y que puedo relacionar a otros materiales. Alerta de spoilers, la película concluye revelando que las oraciones que se pretendían buenas en realidad era una maldición de conjunto; la madre se justifica con la salvación de su hija al explicar que a medida que la maldición se expande se debilita. Esta decisión encaja y asusta a quien mira la película por la postura individual de la misma; uno puede sobresaltarse al saberse maldito a pesar de que también se hubiera tomado la misma decisión con otros personajes. Esta situación me recordó mucho a una respuesta que daba Camus, sacándola de contexto, diría algo así como de la revolución, o justicia, prefiero a mi madre. Misma decisión que toma la madre en la película, al saber que su hija puede ser un mártir o chivo expiatorio prefiere sacarla de esa posición y traerla al tiempo de la lucha banal; aquí mismo podríamos acabar la maldición pero mejor compartámosla y terminémosla entre todos. La revolución puede necesitar de héroes y figuras pero difícilmente alguien tiene la necesidad de volverse el héroe de una movilización; héroe en tanto figura del acto y compromiso, pues hay miles de figuras que se presentan como estandartes de ciertas luchas pero solo como mercancía, objeto de consumo. Hubiera sido interesante ver la respuesta de la hija a la decisión de la madre para saber si esta se plantaba como agente revolucionario o no.
Como sea, puedo decir que es una película interesante de ver pero hay que llegar a ella con un ojo curioso y no con aquel que ha digerido todas las opiniones que la retratan como un objeto de lo más terrorífico.
Helena.