Hace poco veía cómo mis amigos en redes se indignaban ante la resolución de Warner Bros en despedir a Johnny Depp de Animales fantásticos, provocando que se compartieran publicaciones sobre censurar la respuesta de Warner, censurar en cuanto de tachar de error fatal. Esta gente se posicionaba del lado de Depp y pedía a los lectores hacer lo mismo por su parte. Lo anterior como primer paso, lo siguiente era invitar a todos a no ver dicha película para mostrar a la franquicia que el público era consciente de su fallo y no iba a perdonarle por ello. Entre los comentarios y pocos de mis amigos más “iluminados”, como buenos valuadores de castigos ideales, no faltaron aquellos que proponían medidas más radicales, con la invitación a no solo no ver esa sino ninguna película lanzada por el estudio y además, si eso no era suficiente, también se contaba, al menos en planes, con impedir la entrada a cualquiera que se atreviese a querer entrar a las salas a ver la película en cuestión. En primer lugar, el plan no tenía ninguna estructura formal, sin embargo, al ponerlo sobre la mesa, difícilmente, cumpliría el alcance esperado. Si se detiene al público al momento de entrar a las salas dedicadas a la proyección de AF, se omite el hecho de que el público ya llegaría a dichas salas con un boleto comprado, o sea, una ganancia registrada para la película. Siguiendo el escenario, podría pasar que los afectados por el cierre forzado a las salas exijan una compensación por lo sucedido. En caso de no recibirla, quizá invitarían a los demás a no gastar su dinero en una película que no podrán disfrutar por el cierre forzado de salas, es a partir de allí donde podría comenzar a verse el alcance de las primeras obras. No obstante, el no ver las películas terminaría por deberse a factores distintos a los que al principio se pretendían. Los cerradores de cines terminarían por verse señalados como los culpables de que no pueda disfrutarse tal película, y no sería el estudio en cuestión quién terminaría como objeto del escarnio público. Puede argumentarse que en tanto se logre la meta de impedir la vista de la película o películas, se habrá conseguido algo y que por ello no hay problema en terminar como seres odiosos; se levantaría la bandera de mártires sapientes de que lograron algo. Por mi parte creo que algo así no se llevaría a cabo, es tanta la efervescencia como para que se mantenga o comience a estructurarse un movimiento en sí. En el caso de que se logren cerrar algunas salas no veo mayor alcance que eso.
El texto se alarga mucho, por lo que terminaré por desarrollarlo más adelante.
Cuestiones como lo anterior pueden dar pauta a hablar de Menón, y también falta plantear una opinión sobre las primeras personas y, por qué no, escuchar a los mismos involucrados: Depp y Heard.
Helena.